Descripción
Hay masas que necesitan algo más que buenos ingredientes. Necesitan tiempo, paciencia y una harina capaz de acompañar cada instante de la fermentación. La Harina Manitoba Oro de Caputo nace para esas elaboraciones donde la repostería y la panadería se convierten en un verdadero arte, dando vida a masas suaves, elásticas y llenas de carácter.
Elaborada con trigo blando cuidadosamente seleccionado, esta harina italiana de tipo 0 destaca por su elevada fuerza W360-380 y su contenido proteico del 14 %. Su equilibrio entre elasticidad y extensibilidad permite desarrollar masas con una estructura resistente, especialmente adecuada para fermentaciones prolongadas y preparaciones enriquecidas con mantequilla, huevos o azúcar.
La paciencia, el ingrediente secreto de la repostería italiana
En la tradición pastelera italiana, algunas de las recetas más queridas requieren largas esperas. El panettone, con su miga delicada y su perfume de mantequilla, o el pandoro, suave y esponjoso, son ejemplos de elaboraciones donde la fuerza de la harina desempeña un papel fundamental.
La Manitoba Oro de Mulino Caputo está concebida para acompañar estos procesos, favoreciendo el desarrollo de una estructura capaz de sostener masas ricas en ingredientes y fermentaciones exigentes.
De un panettone artesanal a un brioche esponjoso
Su versatilidad permite elaborar panettone, babà napolitano, brioches y otras especialidades de bollería fermentada. También puede combinarse con harinas de menor fuerza para reforzar determinadas masas y adaptar sus características a diferentes recetas.
Con un índice P/L de 0,45-0,55, ofrece un equilibrio entre resistencia y capacidad de estiramiento, dos cualidades esenciales para trabajar elaboraciones que necesitan desarrollarse durante la fermentación.
Caputo Manitoba Oro, una harina para crear con tiempo
Presentada en un paquete de 1 kg, esta harina recoge la experiencia molinera de Caputo, una casa napolitana vinculada desde 1924 al arte de transformar el trigo.
Una invitación a recuperar el placer de las elaboraciones pausadas, donde el aroma de un brioche recién horneado o la delicadeza de un panettone artesanal recuerdan que las mejores masas también necesitan tiempo para convertirse en algo especial.
